Magia y Religión

1/12/10.
En todas las sociedades primitivas se mezclaba la magia y la religión. Se creía que una gran variedad de dioses y espíritus menores, tanto buenos como malos, controlaban casi todos los aspectos de la vida, provocaban que saliera el sol o que lloviera, portaban prosperidad y pobreza, enfermedad y buena salud. La magia se usaba para atraer o controlar a dichos espíritus. Igual que las prácticas religiosas, las prácticas mágicas incluían rituales y ceremonias para invocar a los dioses, y se creía que los magos, igual que los sacerdores, tenían un acceso especial a los dioses. Pero más que adorar a las deidades, lo que hacían los magos era pedirles, o incluso exigirles, favores.

A veces, los magos se limitaban a llamar a los dioses para que les ayudaran a lanzar conjuros, preparar pociones o pronunciar maldiciones. Pero muchas veces intentaban también que las deidades aparecieran en persona. Tras ejecutar una ceremonia especial para llamar o invocar a un espíritu, el mago podía exigirle que alejara la enfermedad, o que acabara con el enemigo, o que asegurara una victoria política. Con las deidades menores lo típico era amenazarlas diciéndoles que otros espíritus más poderosos las castigarían si no se cumplían las exigencias del mago. Entonces el mago despedía a la deidad, enviándola de vuelta al mundo de los espíritus. Cientos de documentos de la antigüedad confirman que en los primeros tiempos de Grecia y Roma era común intentar evocar a los espíritus, aunque a menudo era una actividad de lo más frustrante.


Casi todas las formas de magia antigua necesitaban del conocimiento del nombre secreto de los dioses. Se creía que muchas deidades tenían dos grupos de nombres, los públicos y los nombres secretos que sólo conocían los estudiosos de la magia. En un cierto sentido, esos nombres secretos constituyeron las primeras palabras mágicas. Ya fueran pronunciadas de viva voz o escritas, se creía que poseían un poder inmenso, pues saber el nombre verdadero de un dios permitía al mago convocar todos los poderes que dicho dios representaba. los sacerdotes egipcios daban a sus deidades nombres largos, complicados y a menudo impronunciables, para que los legos no pudieran pronunciarlos fácilmente. Se decía que Moisés separó las aguas del mar Rojo pronunciando el nombre secreto de Dios, de 72 sílabas, que sólo él conocía. Y según el escritor griego Plutarco, el nombre de la diedad guardiana de Roma se mantenía en secreto desde la fundación de la ciudad,

y estaba prohibido preguntar nada acerca de ese dios, aunque sólo fuera para saber si era macho o hembra, para evitar que los enemigos de Roma descubrieran su nombre y lo usaran para su propio beneficio.


A medida que las antiguas civilizaciones fueron entrando en contacto unas con otras, los magos de unas probaban losnombres de los dioses de otro país. Algunos de los más antiguos rollos de pergamino que se conservan con información sobre prácticas mágicas, escritos durante los siglos III y IV, contienen listas enteras de nombres de dioses de muchas religiones, que podían luego inscribirse sobre amuletos o talismanes, o bien se incorporaban a conjuros y encantamientos.
 
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